Cuento: Vida y Obra de una Arepa

No me pregunten como llegue a este link, pero navegando en la red de redes me encontré con este cuento venezolano, me agradó y a ustedes les hago un copia y pega para que lo disfruten.

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Vida y Obra de una Arepa

Como todas las arepas de esta Tierra cuidada por Dios nací de unas manos que veloz y hábilmente me dieron forma, a mí me crearon un par de manos rechonchas y negras, las cuales sin dudarlo me pusieron en el budare que me haría crecer, un budare caliente y lleno de mis hermanas, todas fruto de esas pródigas manos negras, un budare lleno de esperanza y que movía a un país entero, ¡porque ojo!, las arepas somos el motor que mueve a esta gran Nación, procedo a explicar:

¿Cómo puede el médico operar con hambre? las arepas sanamos al país.
¿Cómo puede el profesor enseñar sin una arepa en su estómago? las arepas enseñamos al país.
¿Cómo puede el estudiante entender sus clases si no ha desayunado? las arepas impulsamos al país.
¿Cómo puede el obrero trabajar sin su respectiva papa? las arepas somos símbolo del progreso.

El calor le da vida a mi tibio y suave corazón, va haciendo tostada mi capa exterior, para así evitarle al venezolano ocupado y que progresa el tener que limpiarse por que su arepa lo ensució por no ser lo suficientemente durita. Las manos que me crearon me conocen mejor que nadie y saben cuando estoy lista, soy embarcada con mis hermanas en una cestita de mimbre y puesta al lado de los preparadores, hombres en cuyos hombros pesa la gran responsabilidad de alimentar a esta Nación, ¡cuánta emoción!.

Veo como llegan todos a pedir sus arepas, ese alimento que les dará la energía para mover la inmensa maquinaria llamada Patria, “¡Pelúa con Amarillo!” logro escuchar, la Mano del Destino (la del preparador) se cierne sobre nuestra cesta para decidir cuál de nosotras alimentará al experimentado abogado que pidió esa combinación, ¿seré yo?… no, pero estuvo muy cerca, veo como siguen llegando letrados, estudiantes, obreros… todos forman parte de ese inmenso motor que mueve el mundo y vienen a pedir el combustible que les dará energía hoy, “En lo que puedas me das una de Dominó” pide un estudiante, futuro profesional; los nervios nos matan cuando la Mano del Destino pasa a mi lado para llevarse a una de mis hermanas ¡que suerte la de ella!, porque hay algo que deben saber, nuestro relleno nos da status o vergüenza.

El sueño de toda arepa es el de formar parte de la realeza, convertirse en una Reina Pepiá, es el status máximo, seguido muy de cerca de la de Pernil, son los sueños de toda arepa, hay otros rellenos que no son menos dignos, como el Queso de Mano, Queso Rallao, Pelúa con Amarillo (Carne Mechada con Queso Amarillo), Dominó (Queso Blanco y Caraotas)… pero la vergüenza viste a aquellas que son rellenas solo de mantequilla, es triste no tener un relleno más digno, pero no se compara nunca a enfriarse e ir a formar parte de esas arepas vacías que sirven de acompañantes a comidas más importantes, ¡solo pensar en esas posibilidades hace temblar mi corazoncito de masa!.

Es un local grande este, veo mucha gente, unos comen y ríen, otros comen mientras leen periódico, hay un televisor y en él veo a un señor con una bata blanca que levanta una arepita pálida mientras dice: “Este es mi cuerpo, tomad y comed todos de él, bienaventurados quienes coman de él, ya que quién de él coma tendrá vida eterna” y zaz! el señor de la bata partió la arepita en dos, ¡pobre arepita!.

Veo acercarse a un joven, se ve exitoso, brillante y emprendedor se acerca al mostrador y dice: “Buen día, por favor me da una arepa de carne mechada con queso amarillo para llevar, en lo que pueda” ¡Qué lenguaje!, ¡qué manera de expresarse!, ha de ser un muchacho muy educado. “¡Una Pelúa con Amarillo pa’ viaje!” grita un preparador y la Mano del Destino vuelve a acercarse, cierro mis ojitos de masa y ruego porque sea yo la escogida, ¡soy yo, soy yo!, esas manos duchas me preparan para tan insigne momento, me visten de blanca servilleta, veo alejarse la cestita de mimbre de mi infancia con mis hermanas que me ven partir, orgullosas de mí. Limpian el cuchillo que acabará con mi virginal encierro y me hará útil a esta Nación, de forma rápida y casi brusca me abren de lado a lado para llenarme casi de inmediato de la sabrosa mezcla, producto de años y años de evolución culinaria.

Soy envuelta por unas muy hábiles manos que me meten en una bolsa y me entregan al elegante joven. “Muchas gracias caballero” dice el muchacho, demostrando la ya consabida elegancia y un increíble respeto hacia los demás. Voy envueltica y calientita, soñando en lo que voy a crear, voy a alimentar a alguien que llevará adelante una gran empresa, un estudio prominente, un descubrimiento innovador o un plan que llevará al país al progreso, seré su combustible, dador de fuerza y energía. Soy transportada y escucho un diálogo que mas o menos va así:

A- ¿Qué dice el Germán?.
G- ¿Qué tal Andrés, como estás?.
A- Todo fino, hoy tenemos la reunión con el viejo loco, ¿ya desayunaste?.
G- No, todavía no, me compré una arepa allá abajo y me la voy a comer ahorita.
A- No vale, vamos a comer al cafetín, mira que vamos con las de Recursos Humanos.
G- Pero yo ya compré desayuno Andrés, de todos modos gracias por tu invitación.
A- ¿Tú eres loco?, ¿vas a pelá ese desayuno con las de Recursos Humanos?, ¿o no te interesa saber como va lo de los aumentos?.
G- No sé…
A- Además va Roxana, tú sabes que hay algo y bien ricarda que está.
G- Bueno…
A- No seas rompegrupo, dale que se nos hace tarde, deja esa piazo e’ arepa aquí.

Sentí como me ponían en un lugar duro y escuché las voces alejarse, ¿qué está pasando?, ¿por qué él hizo esto?, ¿estaré mala?… no… no es posible, ¡si me acaban de hacer!, además no me ha probado como para que pueda saber si estoy buena o mala, ¡y además sigo calientica!, no entiendo por que me pasa esto, ¿por qué me pasa a mí?, ¡¿por qué?!. Pasan las horas y sigo allí, me empecé a enfriar, mi tibio y suave corazoncito de masa ahora está tieso y rejudo, ¿quién me va querer así?, ¿por qué me pasó esto a mí?, me siento sola, desamparada, pensé que ser una arepita de mantequilla o una acompañante era malo, pero ¿qué puede ser peor que el hecho de que no te quieran, que ni siquiera te hayan evaluado, probado, degustado?. Por suerte mis hermanas no ven la vergüenza que me cubre en este momento.

Escucho voces, de nuevo este joven y prometedor muchacho y su malvado amigo:

A- De vaina y no nos aprueba el proyecto el viejo loco, menos mal que sacaste esos balances,viejo, ¡eres una bestia!.
G- Gracias panita, menos mal que firmó el contrato.
A- Nosotros nos vamos a celebrar, ¿te vienes?.
G- No, estoy cansado, mejor me voy a mi casa, ¡mira la arepa, se me había olvidado!.
A- Bota esa vaina, debe parecer una piedra.

Nunca me imaginé que en mi muy corta vida unas pocas palabras pudiesen llegar a ser tan hirientes como lo fueron esas.

G- ¡No chico!, la comida no se bota.
A- Y que vas a hacer, ¿te la vas a comer así?.
G- Yo veré, hablamos mañana, tengo sueño.

El corazón de este muchacho realmente era grande, un pequeño rayo de esperanza me hizo llegar a sentirme útil. Sentí como bajábamos y escuchaba los ruidos nocturnos de esta ciudad bulliciosa, fue entonces cuando escuché una voz cavernosa que dijo:

M- Viejo, zúmbame algo, una limosnita ahí.
G- Hermanazo, me agarras corto, ya va, espera, mira, tengo aquí una arepita que compré esta mañana, no la he tocado, está buena mi viejo.
M- ¡Gracias varón, que Dios te cuide!.

Sentí más miedo que antes, mi vida no podía ser peor ya, fui entregada a este tipo, solo Dios sabe de que calaña, para no ser apreciada, tal vez para ser vendida o cambiada por vaya usted a saber que clase de porquería, sentí como abrían la bolsita en la que me transportaban para verme, unas manos mugrientas y toscas abrieron mi servilleta y el asco me invadió al ver la cara de un ser tan repugnante como este; él trató de esbozar una sonrisa que más bien me pareció mueca y me volvió a cerrar, ¿tan mala estoy que ni siquiera un mendigo como este quiere comerme?. La vida no puede ser peor, ¿de que sirve vivir si el propósito para el que fuiste creado no se cumplió?, la Nación anduvo, el motor de este planeta siguió trabajando, su combustible cumplió su función, pero en definitiva no fue gracias a mí.

Al rato sentí que me volvían a llevar y escuchaba ruidos de una urbe que se me antojaba terrible, sucia, mugrienta… escuché varios disparos y pude intuir que mi nuevo dueño me llevaba a su guarida. Escuché como una lata de zinc rechinaba y pude llegar a oír dos voces chillonas gritando, “¡Llegó papá, llegó papá!”, ¿cómo un ser así puede pensar en tener familia?. Escuché toda clase de gritos y ruidos y sentí que me volvían a mover, las mismas manos mugrientas y toscas me sacaron de mi refugio y me expusieron, dejándome vulnerable en este lugar terrible y lleno de pequeñas bestias, dos niños raquíticos y harapientos.

N- ¡Cónchale papá!, ¡tremenda arepota!.
Ñ- ¡Es grandota papá! -dijo la niña.
M- Ésta arepa se las mandó un señor muy bueno que me encontré hoy.

La sorpresa que me invadió en ese momento fue mayúscula, ¿cómo puedo estar de acuerdo con alguien semejante?, fue entonces cuando voltee y vi el conato de unas lágrimas en esos pequeños ojos brillantes de esa cara mugrienta.

Ñ- ¿Y los tres nos vamos a comer esa arepota papá? -dijo la niña con unos ojos grandotes que casi se le salían del asombro.
M- No mi amor -dijo la voz quebrada del padre más amoroso del mundo- yo ya me comí quince arepas hace un rato.
N- ¿Sí papi? -preguntó el niño con la boca abierta.
M- Si papaíto, y quede tan pero tan lleno que no me cabe más nada, mejor se comen esta arepita entre ustedes dos.
Ñ- Uy papito, ¡que rico vamos a comer hoy!.
N- Si papá, ¡qué señor tan bueno el amigo tuyo!.

Mi corazoncito de masa, ahora frío y tieso, volvió a latir tibio y suave nuevamente, las manos que en un momento se me antojaron toscas y mugrientas ahora se sentían tiernas y cálidas, me tomaron con ternura e intentaron de la forma más cariñosa posible dividirme en dos partes iguales, las miradas de dos criaturitas que se relamían los labios me miraban con esperanza… en ese momento… fue justo en ese momento que realmente pude entenderlo… no formé parte de una maquinaria que mueve al mundo, no participé en el desarrollo de la Nación, no fui el combustible que alimentó el motor de este país, no… no alimenté ningún motor, solo alimenté una pequeña llamita, una candelita pequeña de esperanza, una llamita que es tan fuerte como para alimentar los sueños, esa llamita que ahora alumbra el hasta hace rato oscurecido corazón de un padre que no sabía que darle a sus hijos para que se acostaran con algo en la barriguita, esa llamita alumbra el corazón de dos niños inocentes de la realidad que aún así creen que su papá es el mejor de todo el mundo, esa llamita que calienta el corazón de un joven que duerme tranquilamente porque sabe que realizó una buena acción… no soy el combustible, soy el motor de una gran máquina de sueños, que honor es para mí entregar mi vida y mi ser no por el mundo entero, sino por aquellos a quien el mundo entero ha olvidado.

“Este es mi cuerpo, tomad y comed todos de él, bienaventurados quienes coman de él, ya que quién de él coma tendrá vida eterna”.

Autor: Antonio Alonso Kolbe Corday

Versión en PDF aquí

Nota Legal: Obra Registrada bajo el número #0903182780633 y liberada bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5

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By Etílico

1 Response so far »

  1. 1

    GRAUBEN said,

    …No voy a comentar…. ;p


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